Desconectar para conectar

Desconectar para conectar

Soy de la generación que vivió los primeros años de su infancia sin Internet.

En mi casa pude empezar a navegar recién a los 11 años, con mucha suerte media hora por día (a una velocidad inferior a 1 MB seguramente) y recién a partir de las 10 de la noche porque sino dejaba a mi familia sin teléfono.

En mi adolescencia lo más común era decir “¿Nos conectamos 10 y media para chatear?”… el evento del día era chatear con tus amigas. Hoy también buscamos coincidir a la hora de chatear (o hacer llamadas, cosa que antes no se podía), pero la diferencia es que el resto del tiempo también estamos conectados, haciendo otras cosas. En ese entonces, nos conectábamos específicamente para UNA cosa, la hacíamos y después nos desconectábamos…  y el resto del día la computadora no se tocaba… qué lejano parece eso comparado con la vida de cualquier adolescente que tiene la suerte de acceder a un teléfono con conexión en la actualidad. Creo que es justamente lo opuesto.

Hoy estamos conectados a Internet prácticamente todo el día.

Sea desde un ámbito laboral, social o recreativo, la web se entrelaza una y otra vez en nuestras conversaciones y en nuestra vida desde diferentes dispositivos. Aunque tiene muchísimas ventajas, abusar de él puede tender a aislarnos. Por eso hay que aprender a controlar su uso y saber cuándo desconectar para que no nos aleje de nuestros afectos más cercanos o de situaciones cotidianas que son únicas e irrepetibles.

De todas formas, debemos reconocer que es una gran herramienta que nos ha facilitado enormemente la comunicación a distancia y un sinfín de oportunidades que antes eran impensadas.

Sin Internet no podríamos acceder a muchísimas fuentes de información ni contactar a quienes las emitieron.
Sin Internet no podríamos viajar y trabajar (como en el caso de Kiku, Flor y el mío)
Sin Internet no podríamos analizar los comportamientos y características de los mercados de forma tan detallada (por ejemplo, aprende todo sobre el Trabajo Remoto en Latinoamérica o  sobre cómo se comportan los Millenials)
Sin Internet no podríamos comunicarnos de forma directa y fluida con muchas personas alrededor del mundo.
Sin Internet no habría herramientas inteligentes o apps que nos ayuden a lidiar con cosas de la vida diaria.
Sin Internet no existirían profesiones como Community Manager, Diseñador web, Programador Web, Asistente Virtual y expertos en SEO, entre otras.
Sin Internet sería ciertamente mucho más difícil para los emprendedores dar a conocer su negocio y llegar a más personas.
Sin Internet nos quedaríamos sin trabajo al sufrir algún accidente que nos impida ir a la oficina (como le sucedió a Guille, Sivu y Lucas)
Sin Internet no habría posibilidades de generar nuevas salidas laborales frente a la crisis económica y los despidos. Trabajar de forma independiente, desde casa y con clientes propios es una realidad.

 

Sin embargo, aún existe una gran cantidad de gente que no puede o no termina de comprender cómo usarlo.

Por eso, en este día, te invito a celebrar todo lo bueno que Internet nos ha dado y nos desafío a tomar un rol proactivo hacia aquellos que aún no saben cómo acceder a él. Ahora nos toca compartir las virtudes de Internet y así permitir que más personas puedan disfrutar de esta herramienta única.

Sigamos difundiendo nuestros conocimientos, compartiendo nuevas formas de navegar, apps innovadoras, y sobre todo enseñando a otros a disfrutarlas también. Sigamos ayudamos a que la rueda siga girando y llegue a más personas, porque ese es el fin último de Internet: conectarnos.

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