La mujer en América Latina: desafíos laborales e igualdad

La mujer en América Latina: desafíos laborales e igualdad

El mercado laboral fue injusto en el pasado para la mujer en América Latina: ellas quedaron relegadas, tradicionalmente, a las tareas femeninas: secretarías, recepciones, decoración, redacción y limpieza. Afortunadamente esa situación comenzó a cambiar drásticamente en los albores del siglo XXI, cuando los estudios de género, junto con la irrupción de las redes sociales, comenzó a visibilizar el problema, y las oportunidades que brinda el trabajo online forzaron una tendencia que, de mantenerse, hará que la situación se revierta.

Los ámbitos laborales más igualitarios son aquellos administrativos; los más desiguales, los relacionados a la ciencia y al transporte. Veamos en detalle la situación laboral actual y las expectativas a futuro.

Los desafíos laborales para la mujer en América Latina

Paridad de acceso a los puestos laborales

Estamos cerca de finalizar la segunda década del siglo XXI, pero aún quedan algunas diferencias importantes en la relación de beneficios laborales entre varones y mujeres; las últimas suelen tener ingresos menores y menores expectativas de ascensos. De hecho son pocas las mujeres que llegan a cargos gerenciales por mérito laboral, en relación a sus colegas varones.

Mientras tanto, un informe publicado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) muestra que el desempleo para las mujeres equivale a 1,4 veces la tasa de desempleo en varones. No sólo eso: reciben también en promedio un ingreso inferior, en todos los segmentos ocupacionales. En paralelo, la proporción de mujeres en situación laboral informal es del 53,7%.

Segmentos laborales

Emprendimientos propios

Sólo el 9% de los grandes emprendimientos son liderados por una mujer en América Latina. Esto es producto de un complejo entramado de obstáculos para el acceso al crédito (indispensable para toda empresa nueva), al alquiler de un local comercial y a los demás trámites burocráticos necesarios para comenzar toda actividad comercial.

Como veremos en breve, esta tendencia comenzó a revertirse gracias a la descentralización que ofrecen el trabajo remoto y las plataformas de trabajo y de pago online.

Ciencia y tecnología

la mujer en América Latina

El ámbito científico es uno de los más inequitativos —aún cuando en los últimos años la tendencia apunta al equilibrio en la proporción de varones y mujeres— de acuerdo a una investigación realizada por científicas del CONICET (órgano de investigación en Argentina): si bien en la última década se incrementó notablemente el ingreso de investigadoras al organismo, esto se debió sin dudas al incremento de vacantes en general, con lo que la proporción de investigadoras con respecto a los investigadores sigue siendo baja.

Sin embargo esa tendencia se está revirtiendo. Según la investigación citada, de un total de 649 becarios para el año 2006, un 59% del total de doctorados fueron obtenidos por mujeres. Es una tendencia positiva, aunque en otros países esa paridad todavía va a la zaga.

Dentro del ámbito científico, una de las carreras con mayor presencia femenina es la de Farmacia y Bioquímica, en donde es posible encontrar hasta cuatro mujeres por cada varón egresado. Esta carrera, además, es una de las más rentables para quienes egresan, ya que es posible comenzar a trabajar de inmediato, y por lo general la disponibilidad de vacantes no queda afectada por las recurrentes crisis económicas que atraviesa Latinoamérica.

Medios

En cuanto a medios, el periodismo ingresa también en la zona de menor paridad para los puestos jerárquicos. Las mujeres suelen quedar relegadas a ser noteras (reporteras en el sitio de los hechos) mientras los varones gozan de las posiciones más codiciadas, como la de presentadores o locutores.

Una situación distinta se da en el campo de la actuación, donde, por su propia naturaleza, la paridad es completa.

Industria

la mujer en América Latina

Las mayores desigualdades se dan en la industria pesada, metalmecánica y siderúrgica, donde los puestos operativos están reservados, de facto, a los varones. El prejuicio sigue siendo el mismo desde que dio comienzo la Revolución Industrial: las mujeres no son capaces de hacer esfuerzos (cuando la verdad es que ningún operario debería realizar esfuerzos físicos) o no saben usar las herramientas.

En el rubro de la electrónica existe una mayor inclusión y paridad aunque se ve sólo en los puestos de ensamblaje y otras tareas repetitivas.

Transporte

Es uno de los campos en donde la desigualdad en el acceso a los puestos laborales es más evidente. En Argentina, por ejemplo, es imposible ver una mujer conduciendo un tren, y muy difícil verlas al volante de un camión, un ómnibus o un taxi; sólo tienen cupo (por ley) en el transporte subterráneo de la Ciudad de Buenos Aires.

Industria del software

La industria más pujante de América Latina es también una de las más desiguales en cuanto al género de sus trabajadores. Más del 70% de los programadores son varones. De las mujeres, el 50% aproximadamente trabaja en tareas menores: back-office, desarrollo de herramienta auxiliares, data entry.

Comercio y servicios

la mujer en América Latina

En este rubro se da la situación inversa; en una suerte de discriminación inversa muchas veces se piden mujeres para la atención al público de diversos comercios: tiendas de ropa, calzado, casas de comida, venta de electrodomésticos, etcétera. También se solicitan mujeres en los call-centers y las recepciones de distintas oficinas.

El problema con esto es que no cualquier mujer puede acceder a estos puestos: las condiciones para obtener el trabajo consisten más bien en tener buena presencia (ser atractivas, tener una silueta cuidada y una figura esbelta, y a veces hasta tener determinado color de piel, ojos y cabello); las leyes anti-discriminación parecen no alcanzar estos requisitos.

Trabajos a distancia

¿Qué sucede en los trabajos que pueden realizarse a distancia, como el desarrollo de software, la redacción de contenidos, el diseño y la asistencia administrativa? Estos rubros han logrado, desde 2010 —con el advenimiento de las primeras plataformas de trabajo online—, acercarse más y más al punto de paridad total: al ser modalidades laborales en donde se agiliza enormemente la contratación (que se realiza en cuestión de minutos), ambos sexos tienen la misma oportunidad y la obtención del trabajo depende sólo de sus aptitudes.

Visibilidad de la problemática

Se organizaron marchas en toda América Latina —y otros lugares del mundo— para visibilizar estas inequidades. Este ocho de marzo, por ejemplo, se ha convocado a un paro de mujeres en reclamo de mejoras inmediatas en cuanto a igualdad de oportunidades y condiciones laborales.

Las redes sociales ayudaron mucho en la divulgación de esta marcha y paro de la mujer en América Latina —que se espera sea gigantesca—: prácticamente desde todos los países de América Latina se han adherido mujeres —y varones— que manifestaron su discoformidad con las condiciones laborales existentes.

La contracara a esta organización han sido los trolls —nueva forma de oposición nacida en la web 2.0— que, mediante distintas técnicas de distracción, intentaron difamar o minimizar la movilización; no obstante ello, la adhesión tiene un éxito rotundo.

Finalmente, los medios de comunicación tradicionales se han hecho eco de la propuesta y elaboraron diversos informes, entre los cuales uno de los más completos es el que elaboró Nodal.

También existe un mapa online en el que es posible marcar tu lugar de residencia para indicar desde dónde adherirás al #8M.

¿Cómo ven los hombres la problemática?

Según un estudio realizado por Workana el 84% de los hombres en Latinoamérica cree que las mujeres están en igualdad de condiciones laborales. Creen que la mujer puede lograr la independencia económica o al menos lograr el mismo desarrollo profesional que ellos, con el mismo esfuerzo y en un mismo pie de igualdad socioeconómica.

Sin embargo, al analizar los datos ingresados por los y las participantes de esa encuesta surge una información interesante, y que desmiente esa percepción de los varones: el 10% de los varones encuestados declaró tener ingresos de entre USD 2000 y USD 4000; sólo el 4% de las mujeres encuestadas declaró el mismo nivel.

Además hay que agregar a esto la responsabilidad de la maternidad: el 43% del universo de mujeres encuestadas declaró tener hijos a su cargo, y el 49% de ellas los cuida mientras realizan sus trabajos. Este porcentaje choca visiblemente con el porcentaje de varones con hijos a cargo: sólo el 2% de ellos los cuidan al trabajar.

¿Qué hay de los cargos gerenciales? Pues bien, del estudio de la OIT se destaca que sólo el 21% de las empresas radicadas en América Latina tienen esos cargos ocupados por mujeres.

Otro problema importante, visibilizado por esa encuesta, es el nivel de acoso laboral: el 74% de las mujeres encuestadas sufrió algún tipo de acoso laboral.

Cuando todo este cúmulo de datos e información se contrasta con el nivel de preparación de las mujeres encuestadas, queda completamente visible el nivel de desigualdad en el acceso tanto a los puestos laborales tradicionales como a los niveles de ingreso, en relación a sus colegas masculinos.

El 52% de las encuestadas son egresadas de alguna universidad; 18% tienen un posgrado y el 21% cuenta con estudios terciarios. El 88% de estas mujeres dedicó parte de su tiempo en recibir capacitación profesional durante el año 2016 y, de ellas, el 18% dedicó al menos 100 horas.

El 18% de las mujeres encuestadas trabajan como freelancers de tiempo completo: la mitad, el 9%, son emprendedoras —es decir, poseen algún tipo de emprendimiento que genera empleo—.

El 38% de ellas trabaja en relación de dependencia.

De todo esto se desprende que la percepción de los varones es errónea; cabe preguntarse si se debe a la falta de información acerca de las desigualdades que persisten en la región o si hay un factor que todavía se desconoce. En todo caso, queda descartada la intencionalidad, ya que la encuesta fue realizada en forma privada y confidencial.

Las nuevas tecnologías como generadoras de igualdad

Con la llegada de la web 2.0, las redes sociales y las plataformas de pagos online, aparecieron las primeras plataformas de trabajo en la nube: Elance, Workana, Nubelo, Freelancer, etcétera. Todas ellas permiten que las personas que tienen una idea o un proyecto puedan contratar a un profesional independiente en cuestión de minutos; debido a la dinámica de la contratación, es mucho más importante la experiencia previa que el sexo de la persona del otro lado del teclado.

Las plataformas de trabajo online generan entusiasmo debido a que generan empleo de forma inmediata con sólo tener experiencia y formación en determinadas áreas; el sexo y la apariencia de las personas queda en un segundo plano.

Desde su aparición, estas plataformas demostraron que los viejos prejuicios no tenían razón de ser, y que la mujer es tan capaz como cualquier varón de realizar cualquier tipo de trabajo.

Como vimos antes, algunos segmentos laborales dominados hasta hace pocos años por los varones están recibiendo un influjo de mujeres cada vez mayor. Esto se da, por ejemplo, en el desarrollo de software, en el diseño gráfico y en la redacción de contenidos.

Desafíos de cara al futuro

Entre los problemas que falta resolver podemos contar el acceso a la salud y la seguridad social —indispensable para aquellas mujeres trabajadoras con niños a su cargo— pero fundamentalmente, limar los prejuicios que aún persisten, sobre todo en el ámbito del desarrollo de software y en la redacción de contenidos, donde se presupone que una mujer debe escribir sobre moda y notas del corazón y los varones sobre cuestiones técnicas.

En cuanto al acceso a los puestos de trabajo, cabe preguntarse si las nuevas tecnologías —plataformas de pago online y plataformas de trabajo— podrían ser la llave que permita abrir una nueva etapa de trabajo equitativo, bien remunerado, flexible y que a la vez permita el crecimiento profesional y social en un marco de trabajo libre y humano, que permita también dejar atrás los esquemas horarios rígidos —y los viajes a la oficina, hoy en día en franca obsolescencia gracias al trabajo remoto— logrando así que aquellos profesionales con niños a su cargo puedan también cuidar apropiadamente de ellos.

La clave del cambio de paradigma está en dejar atrás los miedos y los prejuicios; el futuro llegó, y sólo falta que adaptemos nuestra forma de concebir el trabajo, tanto desde el punto de vista tecnológico como humano.

Fuentes consultadas

  • «Ciencia y tecnología en la Argentina: diagnóstico de la situación de género (julio de 2006 – diciembre de 2007)», Baringoltz y Posadas, 2007. Ministerio de Ciencias, Tecnología e Innovación Productiva de la República Argentina.
  • «Trabajo decente e igualdad de género. Políticas para mejorar el acceso y la calidad del empleo en América Latina y el Caribe», OIT, 2013.
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